• Ariel Falcini

La sonrisa perfecta



La sonrisa es uno de los gestos más potentes del lenguaje no verbal. No hay dudas de ello. Comencemos a analizarla con tres afirmaciones básicas: 1) La sonrisa es innata y universal. 2) Puede ser genuina y expresar alegría y felicidad (aunque, según estudios, representa cerca de 20 emociones o estados de ánimo). 3) Puede ser forzada y claramente reconocible como tal (la sonrisa de labios juntos, con las comisuras hacia abajo, entre otros signos que la caracterizan). Pero, ¿cuándo una sonrisa es sincera? La respuesta es simple, aunque compleja: cuando se da la actividad de ciertos músculos de la cara cuyos movimientos se realizan de manera específica. En el siglo XIX, el médico e investigador francés Guillaume Duchenne describió la sonrisa natural como aquella que indica una emoción espontánea combinando: 1) La contracción de los músculos cigomático mayor (2) y menor (3), que elevan las comisuras de los labios (Foto 2). 2) La contracción del músculo orbicular, que eleva las mejillas y produce arrugas alrededor de los ojos: las famosas “patas de gallo” (7).

Pero hay algo más y eso es imposible de entrenarlo: la parte del cerebro que da la orden de sonreír y activa, en ese preciso momento, complejos mecanismos fisiológicos. Que sea invisible no la hace imperceptible. Todo lo que pasa en un rostro, incluyendo el frunce de la nariz, la apertura de las narinas o el brillo en los ojos, no se puede construir a la perfección. Para conocer tu mejor sonrisa no tenés más que buscar una foto de un momento feliz y ver, frente al espejo, si podés construirla exactamente igual. ¡Suerte!

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