• Ariel Falcini

¿Le creerá?

Cada vez que un orador expone ante público debe preguntarse si sus argumentos son suficientes y, a la vez, si resultan convincentes.


Si las respuestas son afirmativas, aún le queda tener en cuenta otro elemento fundamental, muy presente en la neuro-oratoria: los «sesgos cognitivos».
Se trata de una serie de efectos psicológicos que alteran el procesamiento de la información, haciendo que las personas, por ejemplo, distorsionen los mensajes, hagan juicios imprecisos o interpretaciones ilógicas. Uno de los principales, es el EFECTO KEINSHORM, que puede definirse como la predisposición natural a contradecir las ideas de las personas por la que no sentimos simpatía alguna o que, simplemente, nos caen mal (¿no te pasa con ciertos compañeros o con tus jefes?). Para evitar este tipo de percepción, dar una buena impresión y lograr una conexión fuerte con la audiencia es necesario estar al tanto de la existencia de estos «prejuicios o predisposiciones cognitivas» y convertirlos en una ventaja al momento de persuadir. Si en las próximas semanas tenés que hacer presentación en tu trabajo, preguntate qué piensan los demás de vos y comenzá inmediatamente a accionar en tu día a día para reforzar o para revertir tu imagen. Y vos, ¿cómo creés que te perciben quienes te rodean?
3 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo