• Ariel Falcini

Políticos en campaña

Promesas vacías en spots, actos y entrevistas



A pocas semanas de los comicios, les propongo que reflexionemos sobre uno de los aspectos más característicos de la política en la época de captación del voto popular: las (no) propuestas. Pero no les voy a pedir que se detengan en los candidatos argentinos, a quienes desde hace meses escuchamos, vemos y leemos en los medios de comunicación, en los afiches callejeros y en las propagandas que aparecen en las aplicaciones del celular y en las webs que navegamos; prefiero que nos centremos en un personaje de ficción que tiene muchos puntos en común con dirigentes de ésta y de otras latitudes. Su nombre es Vivienne Rook y es la protagonista de la serie de la BBC y HBO Years and years, emitida hasta hace algunas semanas y cuyos seis capítulos están disponibles en la plataforma HBO.com.


Sin buscar convertirme en crítico de series y evitando spoilearlos, les cuento que la mujer interpretada por Emma Thompson es una empresaria que llega a convertirse en Primera Ministra del Reino Unido en un futuro cercano caracterizado por el cambio climático, por la continuidad de Donald Trump como presidente estadounidense, por la consolidación de China como gran potencia mundial y por una Europa que, ya sin Ángela Merkel en el centro de la escena, atraviesa una profunda crisis de refugiados.


En uno de los episodios, la astuta mujer devenida en política brinda un discurso a su país que está absolutamente focalizado en sus seguidores (una característica muy común de los candidatos modernos que solo les hablan a sus votantes, entendiendo que no moverán en su favor la decisión de quienes apoyan a sus rivales). Con vehemencia, gestos ampulosos y una amplia sonrisa en momentos específicos, la controvertida líder dice:


«Gran Bretaña está sola en el mundo. Al oeste, Estados Unidos es el lobo solitario. Al este, Europa está en llamas. Y más allá, China está creciendo. Y quiero decirles que cuando estuvo solo, este país nunca ha sido tan magnífico.
Les prometo libertad. Y la capacidad de disfrutar de esa libertad. Una sociedad envalentonada, con fuerza para empoderarse. […] Miro adelante y veo glorias.
Para terminar, señoras y señores, déjenme desearles una muy feliz navidad».

La breve exposición cumple con el ABC del discurso político de corte populista y nacionalista: primero, lanza afirmaciones (que pueden ser consideradas) verdaderas para obtener aprobación; después, enaltece al pueblo y, por último, habla de los maravillosos años por venir. No hay promesas verdaderas ni políticas o proyectos concretos, solo busca emocionar y arengar a su gente a través de tres ideas que suenan bien y que todos quieren escuchar: libertad, empoderamiento y un futuro exitoso.


Las tríadas son un recurso básico de la oratoria y suelen estar presentes en las campañas dado que se considera que incluyen el número correcto de ideas que las audiencias pueden recordar con facilidad. Algunos recordados ejemplos son: «Con la democracia se cura, se come y se educa» (Raúl Alfonsín), «Seré el médico, seré el maestro, seré el que dé trabajo a cada argentino» (Fernando de la Rúa) y «Pobreza cero, derrotar al narcotráfico y unir a los argentinos» (Mauricio Macri).


El discurso de Rook es perfectamente adaptable a la realidad actual: muchos políticos buscan atraer votos apuntando al alma y no a la mente, y para lograrlo utilizan técnicas similares a las que usa la publicidad para orientar la conducta de los consumidores. Para la oratoria, la relación entre razón y emoción no es nueva. La Retórica de Aristóteles ya consideraba que la persuasión se basaba en tres pilares: el «Logos» – lo racional; los argumentos sólidos que apelan a la inteligencia y que pueden comprobarse con datos, hechos, encuestas, etc. –, el «Pathos» – lo emocional; las historias y todo lo que genere sentimientos e impulsos positivos o negativos hacia algo o alguien – y el «Ethos» – la autoridad, la honestidad, la credibilidad y el vínculo entre quien habla y el público–.


Vale aclarar que los discursos que pronuncian los candidatos no son una producción individual, sino de equipos de campaña con la capacidad de planificar textos y acciones que provoquen adhesiones rechazos, sonrisas, aplausos y, fundamentalmente, votos.


En la elaboración se trabaja denodadamente para destacar las ideas que se quieren trasmitir, para elegir las críticas que se le buscan hacer a la oposición, para ajustar las estadísticas a la medida de quien debe mencionarlas, para seleccionar los errores que se reconocerán y en los que se prometerá mejorar, para afirmar con absoluta seguridad que saben cómo solucionar lo que los otros no pudieron, para advertir lo preocupante que sería que tal o cual llegue al gobierno y para esconder lo que pueda dejar a los máximos referentes del partido como débiles, ineficaces y/o incongruentes con su pasado. Todo ello a través de historias, datos estadísticos, testimonios y consignas claras, cortas y con fuerza para que los eventuales electores las recuerden.


En Vivienne Rook es posible reconocer, en clave de ficción, a varios políticos de nuestro entorno, esos que dicen estar ocupados y preocupados por construir un país mejor, más justo y más seguro para todos (y todas).

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